Cuando abres el horno tras una pesada cocción de cuatro o cinco horas, esperas que aparezcan ante tus ojos esas mezclas de colores que has preparado con tanta precisión, pesando cada componente; los óxidos de cobre y de cobalto, el carbonato de cobalto, una pizca de cadmio, un poquito mas de transparente… pero no siempre los esmaltes reaccionan a la temperatura como tu esperabas.
Hoy la hornada nos trajo una agradable sorpresa, al mirar en el interior nos han asaltado toda una gama de azules intensos, evolucionando desde el malva hacia el morado brillante, y de blancos luminosos, un éxito.
Nuestras vivencias nos influyen a la hora de buscar los colores para las piezas, creo que estos azules son fruto de tantas puestas de sol sobre el mismo mar, todas sus tonalidades fundidas sobre unas piezas de arcilla.


























